septiembre 01, 2008

Sólo temo a mis enemigos cuando empiezan a tener razón. (Jacinto Benavente)

Por días, meditaba sobre lo que se venia, que diría, como seria. Hablé con Guille que me tranquilizó. Lo único que podía lograr la mina era que yo le pidiera disculpas delante de un juez. Y aun así, yo podía alegar que los hechos no eran así como ella decía. Y que la grabación era más trucha y sin peso. Yo le pregunte si estaban tan al pedo en los tribunales como para darle bola a cosas como esa. Guille me informo que si, que había un juzgado contravencional expresamente para cosas como esa, bien al repedo.
La mañana del 20, había dormido poco, de la expectativa. Me levanté tarde y saliendo de casa, llamé a la oficina del fiscal para preguntar donde era. Eran las diez menos diez y yo tenia que estar a las diez en punto. Tenía media hora de viaje a Tribunales. Estaba yendo al subte, cuando llamo y me dicen que estaban en Almafuerte al 100. Como? Era en Parque Patricios? Yo le comento que me habían dicho Tribunales. Al segundo y a velocidad supersónica le dije que estaba en Tribunales porque así me habían dicho y que en la citación no figuraba la dirección. De las tres cosas, solo la primera era mentira, aunque piadosa. Para el caso daba lo mismo, estaba a más de media hora. La mujer que me atendió me dijo que la otra parte no había llegado aun y que me esperarían. Salí volando a las puteadas, llegar tarde era un papelón y encima con la dirección mal. Si la hija de puta se había acaparado al cana, que no podía hacer con el fiscal. Sin pensar tome el 15 que ni me acerco. Me tome un taxi desde Caseros y avenida La Plata. Cuando llegue al tribunal, encontré un policía que si servia para por lo menos indicarme donde tenía que ir. Cuando me presente en la oficina, apenas un escritorio al lado de otro, así eran diferentes juzgados; espere a la ayudante de fiscal. Nunca supe el nombre, pero era una persona muy amena y copada. Una mujer bajita, que tenia mucha tranquilidad, me pidió disculpas por no poner la dirección en la citación y me informo que la otra parte no había llegado. Le conté mi versión de los hechos, me dijo que me iba a proponer que el litigio se podía componer con cambiarle el libro, pero al enterarse que yo no era dueño del puesto no podía pedirse eso. Hablando, le conté que eso ya se lo había propuesto Leticia en su momento y la loca no quiso. Encima la causa figuraba como por amenazas y que la había insultado. Ja, lo único mas fuerte que le dije fue chorra. Se ofreció a tomarme la contradenuncia que en un momento dije que quería hacer, pero le respondí que quería terminar con eso y que no me interesaba darle más dilaciones. Ella me hizo un gesto de asentimiento como quien dice: te entiendo perfectamente, no da para más esto. Le comente que creía que el sistema judicial esta para cosas mas importantes que esas boludeces. Y firme un papel donde me comprometía a tratar con respeto y buenos modales a la loca esa. No se cuando la insulté a esta imbecil, hasta hoy claro. Me reí para adentro pensando en que no vería mas a esa idiota, con lo cual ese papel era un tramite mas fácil que respirar. Y si se diera el caso que ella viniera al parque o me la cruzara la ignoraría. Si tuviera que tratarla, lo haría con todo el respeto, total. Y en el caso, de que me hinchara con sus locuras, yo soy el que la va a denunciar por acoso. así que, yo gane, ya que la mina no solo no podía hacer nada, si no que además ni apareció. Y la ayudante de fiscal me contó que la estuvieron llamando a la casa. La mujer de la fiscalía dejo entrever que consideraba bastante estupido el caso y eso que debe tener que ver muchas de esas pavadas.
Como para finalizar el relato, finalmente me entere el nombre de la trastornada estafadora y fabricante de juicios. El nombre completo es Marcela Sarmiento. JAJAJAJAAJA!!!! Chupate esa mandarina, Sarmiento! Nos vemos en el otro mundo, maldita infeliz.
Han entrado en la dimensión desconocida de Ichinén...

No hay comentarios.: